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De Edimburgo al Lago Ness: un día por las Tierras Altas

Si vas de viaje a Edimburgo y tienes suficiente tiempo para ver bien la ciudad, te recomiendo que al menos un día lo inviertas en salir de ella y conocer las Highlands o Tierras Altas, la zona norte de Escocia, donde encontrarás increíbles paisajes, grandes historias y un monstruo que se deja ver muy poco.

 

Esta excursión de un día nosotros la hicimos con la empresa Viajar por Escocia, que te lleva en autobús hasta el Lago Ness, hace bastantes paradas en sitios de interés y te va explicando de forma muy amena la historia y curiosidades de esta zona. En este enlace os dejo toda la información sobre su oferta. Y ahora, ¡vámonos a las Highlands!

Partimos de Edimburgo bien temprano, ya que hay que tener en cuenta que el punto final, el Lago Ness, está a 169 millas (unos 270 km) de la ciudad. Además, las carreteras son bastante estrechas y con unas cuantas curvas, y la cantidad de paisajes impresionantes es tanta que hay que hacer sí o sí más de una parada.

Nosotros primero paramos en Kilmahog para desayunar. Es el punto en el que ‘peores’ (o menos impresionantes) son las vistas, pero aún así se ven grandes campos con ovejas y, si tienes suerte, alguna vaca escocesa, que son adorables con su flequillo. Durante todo el camino vas viendo diferentes paisajes y un montón de animales que están en libertad porque aquí no tienen ningún tipo de depredador. Sorprendentemente, incluso vi a unos cuantos ciervos pastando junto a la carretera que ni se inmutaron a nuestro paso.

Esta foto no es mía, pero tenía que enseñaros cómo son

De allí llegamos al Valle de Glencoe, donde comenzamos a empaparnos de la historia de los clanes escoceses. En estas montañas habitaban diferentes clanes, cada uno con un apellido y un color distinto de kilt o falda. Aunque fueran enemigos, había un pacto entre todos: si un clan te pedía alojamiento una noche porque no habían podido llegar a su poblado, debías dárselo y proporcionarles desayuno (¿no os suena un poco a bed and breakfast?).

Sin embargo, un clan traicionó este pacto de confianza y aquí se vivió uno de los episodios más oscuros de su historia, pues murieron cientos de personas. Nosotros, dentro del Valle de Glencoe, paramos frente a las Three Sisters o Tres Hermanas, tres colinas que se asemejan en tamaño y forma.

Después pasamos por el Great Glen, una zona donde abundan los lagos o, como se dice en escocés, lochs. A mí me sorprendió lo grandes que son. Tuvimos suerte porque fue un día soleado y sin aire, lo que permitió que hubiera gran cantidad de reflejos en el agua o skyfalls.

Finalmente, llegamos sobre mediodía al Lago Ness, famoso como todos sabéis porque se dice que en él habita un monstruo: Nessie. Yo pensaba que esta leyenda existía desde hacía algunas décadas, pero para nada: ya en el siglo VI se escribió que un demonio que vivía en este lago mataba personas.

Por mucho que seas un escéptico, no puedes evitar mirar fijamente distintas zonas del lago a ver si ves algo extraño moverse (o, al menos yo, no pude evitarlo). Y es que más allá de las creencias de cada uno, hay un periódico que da 100.000 libras a quien consiga una foto de calidad de Nessie. ¡No iba a dejar yo que mi escepticismo me hiciera perder ese pastón!

Existe la posibilidad de coger un crucero que te da una vuelta de una hora por el lago,puesto que sus dimensiones son gigantescas. Nosotros preferimos pasear por la zona ya que, pese a que es bonito, no es nada del otro mundo. Asimismo, comimos en un restaurante situado en el propio camino que conduce al lago, donde la comida estaba bastante buena y a decir verdad los camareros eran de lo más simpáticos y graciosos (he de decir que, en general, los escoceses son bastante más abiertos que los ingleses).

De vuelta hacia Edimburgo paramos en el Commando Memorial, que rinde honor a los comandos británicos que han fallecido durante algún conflicto, en especial la Segunda Guerra Mundial. Aparte del monumento, una vez más, como durante todo el viaje, las vistas son espectaculares. Por último, paramos en Pitlochry, un pequeño pueblecito que no tiene mucho pero es bastante cuco.

Aunque son muchas horas de viaje, a mí me mereció totalmente la pena porque se ven paisajes impresionantes y, si se hace con guía, se aprenden un montón de cosas. A mí me sirvió para hacerme una idea de cómo es esta zona y constatar que quiero volver con mucho más tiempo para perderme en esos valles rodeados de lagos y habitados por vaquitas adorables. En este vídeo podéis ver un resumen de la excursión:

 

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