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Estudiar alemán en Alemania: mi experiencia con Sprachcaffe en Frankfurt y Múnich

Siempre se dice que la mejor forma de aprender un idioma es viviendo en el país en el que se habla. Por ello, durante dos semanas estuve viviendo en Frankfurt y Múnich para mejorar mi alemán de la mano de los cursos de idiomas de Sprachcaffe. Os cuento cómo fue mi experiencia en las dos ciudades y si he mejorado mi nivel de alemán tras dos semanas de curso.

1. Curso de alemán en Frankfurt

La primera semana estuve haciendo el curso de alemán de Sprachcaffe en Frankfurt. Precisamente en esta ciudad es en la primera en la que se abrió una escuela de Sprachcaffe, aquí cuentan con prácticamente todo un edificio. Por lo normal, la llegada al destino es en domingo, para el lunes empezar con el curso.

1.1 Las clases de alemán en Frankfurt

Antes de llegar a Alemania, hice un test online para que Sprachcaffe conociera mi nivel de alemán. Por eso, el primer día, me asignaron una clase en la que todos los estudiantes teníamos el mismo nivel. Lo primero que me llamó la atención al ver la lista fue los nombres y apellidos de la gente. ¡Y es que era la única europea del grupo! Eso estuvo genial, ya que durante toda la semana estuve conociendo un montón de cosas curiosas sobre sus países y sus culturas.

Las clases son recogiditas y en torno a una mesa grande, en la que nos sentamos tanto los alumnos como el profesor. Eso hace que haya un ambiente muy informal y acogedor, lo que te permite hablar con más facilidad y sin vergüenza. Hacíamos fichas para repasar gramática y vocabulario, pero lo principal era el hablar: el profesor sacaba temas relacionados con lo que estábamos estudiando o nos hacía preguntas sobre nuestra ciudad, nuestros gustos… para que nos soltáramos y habláramos.

Como cada uno era de una nacionalidad distinta, en clase el único idioma para entenderse era el alemán. De esa forma te fuerzas a tener que pensar cómo decirlo en ese idioma, no puedes irte al inglés o a tu propio idioma, y a mí eso me ayudó mucho a cambiar el chip e intentar hablar directamente en alemán. Eso sí, todo con mucha tranquilidad. A mí me daba miedo llegar y no seguir el ritmo, estar perdida. Pero para nada. El profesor se aseguraba de que todos entendiéramos las cosas, lo explicaba de varias maneras, de forma lenta y con mucha paciencia para que nadie se sintiera fuera de lugar.

 

1.2 Alojamiento en Frankfurt

En Frankfurt hay varias opciones de alojamiento: vivir con una familia alemana, en la residencia o alojarse en un hotel. En mi caso estuve en la residencia, que está en el mismo edificio que la propia escuela, por lo que solo con coger el ascensor llegaba de un sitio a otro.

Las residencias consisten en pisos en los que hay varias habitaciones para alumnos, con los que compartes el baño y la cocina, que puedes utilizar para cocinar, guardar comida, etc. Hay dos opciones de residencia dentro del propio edificio: el apartamento estándar y el confort. Tienes toda la información en el apartado de estudiar alemán en Frankfurt de la web de Sprachcaffe.

Si lo que te gusta es convivir con más gente, como si por ejemplo en una residencia de Erasmus se tratara, tu opción es el apartamento estándar. Si por el contrario quieres tener un poco más de privacidad, en apartamentos con menos habitaciones, puedes optar por el confort. En mi caso estuve en un apartamento confort, que al estar en el noveno piso tenía unas vistas espectaculares de los rascacielos de Frankfurt. Además, otra cosa que también me gustó mucho es que la habitación estaba prácticamente nueva.

 

1.3 Tiempo libre en Frankfurt

Como las clases son por la mañana (hasta las 12.30 para cursos estándar y las 14.00 para intensivos) tenía todas las tardes libres para conocer Frankfurt, así que me gustó mucho este equilibrio entre estudiar el idioma y poder hacer turismo en la ciudad.

La verdad es que fui a Frankfurt con pocas expectativas, pues había oído que era fea, muy industrial, poco interesante… ¡y me encantó! Me parece una ciudad muy bonita y con mucho ambiente internacional. Su casco antiguo es recogido y precioso, y justo al lado están esos grandes rascacielos que forman un contraste espectacular.

Además, hay toda una avenida de museos de todo lo que puedas imaginar (Patrimonio Mundial, comunicación, cine, arquitectura, arte…), y junto a esta, en la orilla del río, muchísimos jóvenes optan por hacer un picnic o beberse una cervecita (que por cierto, aquí es legal hacerlo, así que mientras luego recojas no hay ningún problema).

Hay un programa de actividades para los jóvenes menores de 20 años, en el que cada tarde visitan un sitio o hacen una actividad diferente. Aunque en principio está diseñado para esa edad, si eres del programa de adultos puedes hablar con la organización para apuntarte sin ningún problema, dependiendo de lo que más te apetezca.

Del mismo modo, aprovechando que un día fue fiesta nacional en Alemania y que teníamos el sábado libre, me fui en tren con varios compañeros de la escuela a visitar algunos pueblos de los alrededores de Frankfurt. Cogiéndote un ticket de grupo sale muy bien de precio y a menos de dos horas hay lugares realmente interesantes, como Heidelberg o Kronberg.

 

2. Curso de alemán en Múnich

La segunda semana me dirigí a Múnich para continuar con mi curso con Sprachcaffe. Como cada semana es independiente, no tuve ningún problema al cambiar de escuela, aunque de normal la gente suele cogerse un mínimo de dos semanas en una misma ciudad. No obstante, yo de esta forma pude ver dos ciudades distintas y vivir experiencias diferentes.

2.1 Las clases de alemán en Múnich

Al igual que en Frankfurt, estuve en un grupo con personas del mismo nivel que yo. En este caso, mi clase era un poco más amplia y estábamos sentados en una especie de semicírculo en sillas con mesas plegables. Una disposición distinta pero que daba pie a lo mismo: a hablar sin sentirte intimidado en ningún momento, en un ambiente muy cercano con la profesora y los alumnos.

La escuela de Múnich es más pequeña que la de Frankfurt, lo que hace que todo sea más familiar. Los directores de la escuela, Sebastian y Paola, nos conocían a todos y estaban muy pendientes de que disfrutáramos de la experiencia. El propio Sebastian me contó que llevan unos pocos años siendo escuela Sprachcaffe (aunque antes ya se dedicaban a enseñar idiomas) y que están creciendo muy rápido, a la gente le gusta mucho Múnich como ciudad para aprender alemán.

Esta segunda semana compartí clase con gente de Italia, Polonia, Turquía, Egipto y Tailandia. De nuevo un ambiente multicultural que me encantó, ya que enseguida hice muy buenas migas con la gente de clase, con la que, como te cuento a continuación compartí también mi tiempo libre. Si quieres saber más, haz clic en el siguiente enlace sobre estudiar alemán en Múnich para conocer todas las características del curso.

 

2.2 Alojamiento en Múnich

En Múnich pasé la semana viviendo con una familia anfitriona. Mentiría si no dijera que la idea me daba un poco de miedo, ya que antes de comenzar el viaje no me veía con el nivel suficiente como para comunicarme completamente en alemán y tenía el temor de no entenderme bien con la familia. Sin embargo, se convirtió en una experiencia maravillosa y fue un empujón más a mejorar mi alemán.

En mi casa mi familia anfitriona era una mujer que vivía a unos 10 minutos a pie de la escuela. Su hijo estaba en el extranjero estudiando así que su habitación era la que ocupaba yo. Desde el minuto cero me sentí muy bien recibida por ella. Nada más llegar, me ofreció dar una vuelta para enseñarme a llegar a la escuela y conocer mejor el barrio. Al final nos tiramos más de dos horas caminando por Múnich, tomando un helado, enseñándome sitios muy interesantes y contándome historias de la ciudad.

Mi miedo a no entenderme con la familia desapareció por completo. Con esta mujer con la que viví hablaba en alemán, pero si había algún tema que no terminábamos de entender, nos apoyábamos un poco en el inglés. Eso sí, en cuanto me pasaba de inglés, ella misma me recordaba en tono de broma que tenía que seguir en alemán. Durante la semana, me sorprendí hablando con ella de temas que hasta entonces me hubiera visto incapaz de hablar en alemán. Ella me dijo en más de una ocasión que hablaba muy bien, lo que me motivaba a seguir hablando y practicando.

Resulta que ella y yo compartimos la misma pasión: viajar. Así que os podéis imaginar de lo que nos tiramos hablando durante todas las cenas. Además, se interesó por mi blog de viajes, por cómo funcionaba e incluso le echó un vistazo y me pidió que cuando tenga artículos sobre Múnich se los envíe para poder echarles un vistazo (aunque sea a las fotos, porque ella no habla español).

Cada familia anfitriona es distinta pero todos los compañeros con los que hablé estaban contentos con la suya. Es gente abierta, simpática y paciente, que le gusta compartir tiempo con personas de otros sitios. La mujer con la que viví me comentó que cuando se han quedado más tiempo, incluso se han ido con ella a pasar el fin de semana a la montaña. Otra compañera me contó que el primer día la familia le enseñó a preparar una barbacoa, algo muy típico en la zona.

 

2.3 Tiempo libre en Múnich

El horario de las clases era prácticamente igual al de Frankfurt, así que las tardes las teníamos libres. Sin embargo, aquí se organiza un programa de actividades tanto para jóvenes como para adultos, por lo que cada tarde estuve haciendo una actividad distinta con mis compañeros: una visita guiada por la ciudad, ir a un festival de música, visitar el museo de BMW… cada semana las actividades cambian, así que si estás varias no te preocupes porque no te vas a aburrir.

Estas actividades fueron geniales para hacer amistad con los alumnos de la escuela. Enseguida formamos un grupito que lo pasamos genial todas las tardes, contándonos cosas sobre nosotros y nuestra cultura, haciendo fotos, tomando algo… Al final, incluso cuando terminaban las actividades nos quedábamos un rato más juntos.

En las actividades íbamos acompañados por una teamer, una persona que se encarga de llevarnos al sitio, guiarnos y ayudarnos en cualquier cosa. Incluso el propio Sebastian, del que os he hablado antes, se vino una tarde y nos invitó a una cerveza para conocernos mejor y darnos algunos consejos para disfrutar de la ciudad al máximo.

Las actividades solían durar dos-tres horas, así que yo aprovechaba el resto del tiempo para conocer la ciudad. Fui varias veces a contemplar el impresionante ayuntamiento, que está en la céntrica Marienplatz, recorrí parte del precioso Jardín Inglés y visité algunos edificios históricos como la Residenz.

 

3. ¿Dónde estudiar alemán en Alemania, en Frankfurt o en Múnich?

Aunque todo está englobado bajo Sprachcaffe y por lo tanto la esencia de estas experiencias lingüísticas es la misma, al suceder cada una en una ciudad distinta, encontré algunas diferencias. Ambos cursos me gustaron mucho, pero creo que dependiendo de tu forma de ser y tus objetivos una opción te puede encajar más que la otra.

En Frankfurt la mayoría de los estudiantes que conocí van allí para hacer un curso de larga duración, como mínimo un mes (los hay que están hasta medio año o más). Si lo que quieres es aprender alemán pero tener más tiempo para ti, para hacer las cosas de forma más independiente, te recomiendo Frankfurt. Por lo que pude ver, la gente combinaba su tiempo libre en hacer cosas por su cuenta con quedar con otros compañeros de la escuela para tomar algo, hacer alguna excursión, etc.

Por el contrario, en Múnich la gente que he conocido estaba por lo general para cursos más cortos, de entre dos semanas y un mes (aunque había excepciones, sobre todo de la gente que venía de más lejos). La escuela de Múnich te la aconsejo si quieres vivir una experiencia más redonda, de dar clase, vivir con una familia y hacer actividades con los compañeros. Aunque tienes menos tiempo para ti mismo, estarás practicando alemán mucho más allá de las horas de clase y conocerás más de cerca la cultura alemana.

 

4. ¿He mejorado mi alemán tras el curso?

Que practicaría alemán era algo que tenía claro, pero ni de lejos me imaginaba haberlo hablado tanto. Me he vuelto a España con la sensación de haber dado un gran salto cualitativo. La última semana, incluso me despertaba habiendo soñado en el idioma, ya que mi mente se había puesto en modo alemán 24/7.

Uno de mis principales déficits en el idioma era el hablarlo, el poder mantener una conversación, y es de lejos lo que más he mejorado. Pensaba que lo que me hacía falta era mucho más vocabulario, tener más nivel gramatical… pero me equivocaba, lo que me hacía falta era soltarme, cambiar mi forma de pensar y perder la vergüenza. Sí, sin duda he mejorado mi alemán. Y mucho más de lo que me esperaba hacerlo en solo dos semanas.

 

5. Descuento en tu inmersión lingüística con Sprachcaffe

Si a ti también te ha picado el gusanillo de viajar al extranjero para aprender o mejorar un idioma, puedes beneficiarte de un descuento. Con el código MERAVIGLIA, tendrás un descuento de 25€ por cada semana de curso+alojamiento que reserves en Sprachcaffe. Puedes utilizarlo para un máximo de 16 semanas, en las que te ahorrarías un total de 400€.

No hace falta que lo utilices para aprender alemán, puedes elegir entre un montón de destinos e idiomas. Quitando Dublín y Boston, que no entran dentro de este descuento, puedes elegir entre nueve países distintos: Malta, Reino Unido, EEUU, Canadá, Francia, Marruecos, Alemania, Italia y China, ¡quién pudiera pasar por todos ellos! Por supuesto, en cada país se aprende el idioma nativo de allí.

Muchas gracias a Sprachcaffe por permitirme vivir esta experiencia que no solo ha conseguido que mejore mi nivel de alemán, sino que también ha facilitado que conozca de cerca la cultura alemana y haya hecho amigos de todo el mundo que espero volver a ver durante mis próximos viajes.

 

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10 thoughts on “Estudiar alemán en Alemania: mi experiencia con Sprachcaffe en Frankfurt y Múnich

  1. Eva, nos ha encantado seguir tu experiencia en redes sociales con el aprendizaje del alemán, tanto a nivel lingüístico como cultural.
    Me apunto esta agencia para mis cursos de reciclaje de inglés. Gracias por compartir tu vivencia.
    Un abrazo

  2. Qué experiencia tan chula, seguro que has aprendido un montón.

    Yo hice una cosa parecida, estos días se han cumplido 10 años, con el inglés y en Madrid, y aprendí muchísimo. No quiero ni imaginarme lo que se aprende así en el país donde se habla la lengua y con gente que no habla tu idioma materno.

    Sin duda es una opción que ha de barajarse a la hora de aprender idiomas ya que aunque parezca poco tiempo en realidad el modo en el que se imparten las clases es de lo más productivo.

    • Y tanto, he aprendido un montón. Como dices el estudiar un idioma en el propio país es un plus que hace que la experiencia sea genial y se combine el estudiar un idioma con el conocer un destino.

      ¡Un abrazo!
      Eva

  3. Me parece una experiencia genial! Poder combinar aprendizaje y turismo es lo más. Sobre todo la parte en la que también te organizan actividades, haces lazos con los compañeros de clase y te lo pasas pipa al mismo tiempo.

    ¡Gracias por la recomendación! Me apunto esta empresa si me animo algún día 🙂

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