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7 mentiras que hacen creer a los turistas en Marruecos

Marruecos es un país apasionante con una cultura muy interesante. Aunque la mayoría de sus habitantes son gente muy hospitalaria, algunas personas, para atraer a los turistas y conseguir ganar dinero a su costa, se inventan ciertas mentiras que pueden confundir a los visitantes y engañarlos. Por eso, es bueno conocer todo esto antes de visitar Marruecos:

 

1. Escarabajo azul

Antes de viajar al desierto de Erg Chebbi, vimos diferentes vídeos de personas que ya habían estado. En uno de ellos, aparecía escarbando en al arena un precioso escarabajo azul, del estilo al que se ven en las películas del antiguo Egipto y a las figuras de decoración que se pueden encontrar.

Cuando llegamos al desierto, vimos un escarabajo totalmente negro, por lo que le preguntamos a un bereber que si había azules. Nos dijo que no, que en el desierto no hay escarabajos de colores, pero que algunas personas los pintan para que los turistas los fotografíen. Eso sí, existe el escarabajo tuareg, que es negro con puntos blancos. Si lo ves, no pienses que también lo han pintado, ¡ese sí que es así!

 

2. Piedras de colores

A lo largo de las carreteras del Gran Atlas y en numerosos puestos de los mercados de las ciudades verás que venden piedras de cuarzo, las cuales son brillantes y bastante bonitas. Seguramente las encontrarás en tonos muy vivos, como rosas o morados: ¡cuidado! Ese no es el color real de las piedras.

El cuarzo de esta zona es grisáceo, prácticamente transparente. Pero algunas personas lo que hacen es pintarlos con tintes para que resulten mucho más vistosos para los turistas y los compren pensando que se están llevando la piedra preciosa más colorida de todo Marruecos.

 

3. Las cabras del arbol del argán

Si vas desde Marrakech hacia Essaouira verás campos y campos del árbol del argán. De repente, en uno de esos árboles, verás como sorprendentemente hay varias cabras subidas encima de él. Cuando bajes del coche a hacer una foto, se te acercará un marroquí que te dará un pequeño cabritillo para que te tomes una foto y te contará que esas cabras han subido solas ahí para comer. Por supuesto, luego te pedirá dinero.

No, las cabras no han subido solitas hasta ahí. Sí que es cierto que las cabras se alimentan del fruto del argán y, por lo tanto, es posible que de vez en cuando alguna se suba a un árbol para alimentarse. Pero, ¿un árbol lleno de cabras que no se mueven del sitio? Esas las colocan ahí algunas personas para que los turistas se hagan fotos.

cabras arbol argan marruecos

Incluso si te fijas, es posible que en el árbol veas que donde están las cabras han colocado maderas para que se sujeten mejor al árbol. Así que estamos ante otra mentira que les cuentan a los turistas para conseguirse ganar algún que otro dirham (si decides pasar por el aro, no les des más de 10 dirhams).

 

4. El aceite de argán de marrakech

En relación con los árboles de argán, el bien más preciado que se extrae de ellos es su aceite. Por eso, en la zona donde se encuentran estos campos hay cooperativas femeninas que se dedican a producirlo. Si tienes pensado comprar aceite de argán, te recomiendo que lo hagas aquí, pues estás ayudando directamente a estas cooperativas. A mí una botella de 65 ml me costó unos 120 dirhams (12€).

En Marrakech verás que también te ofrecen este aceite en numerosos puestos de la plaza de Jmaa El Fna y en las tiendas del zoco. No obstante, desconfía bastante, ya que suelen ser potingues que poco tienen de argán pero que se lo hacen creer a los turistas para que paguen bastante por ellos.

argan de Marruecos

 

5. La picaresca de los niños

Si bien es cierto que Marruecos es un país con un índice elevado de pobreza, no debes creerte todo lo que ves, sobre todo viniendo de los niños. Seguro que si vas por la carretera verás en más de una ocasión a niños que te hacen el símbolo de querer beber agua. También puede que te cruces a niños con picos y palas “trabajando” junto a la carretera.

Estos niños en realidad ni están sedientos ni están siendo forzados a trabajar. Lo que pretenden es dar pena a los turistas para que les den algún dirham. Y si se los das, no les estás haciendo ningún favor. Lo que estás fomentando es que estos niños dejen de ir a la escuela (la cual es gratuita) para pasarse el día pidiendo dinero a los turistas. Pan para hoy y hambre para mañana.

Por ello, cuando un niño te intente vender algo o pedir ayuda, si ves que los propios marroquís pasan de ellos, desconfía. Si de verdad quieres ayudarlos y fomentar su educación y desarrollo, existen numerosas organizaciones con las que puedes colaborar, como Enfants du Désert, que lucha por construir escuelas en las zonas del desierto donde los jóvenes no tienen acceso a la educación.

 

6. tatuajes de henna

Si estás en Marrakech, verás que en la plaza de Jmaa El Fna hay muchas mujeres que ofrecen hacerte un tatuaje de henna y algunas de ellas pueden llegar a ser bastante insistentes. No es un buen lugar para tatuarte, ya que algunas de ellas no utilizan henna 100% natural y por lo tanto puede causarte alguna reacción.

Además, pueden engañarte con el precio. Por ejemplo, decirte que te cobran 30 y al acabar te exigen 30€ en vez de 30 dirhams porque te han tatuado toda la mano. Si decides tatuarte con ellas, hay que dejar claro el precio antes de empezar. No obstante, te aconsejo que te tatúes en lugares especializados, como el Henna Café Marrakech, una asociación donde mujeres experimentadas te tatuarán con henna natural y además contribuirás a mejorar la situación de algunas personas.

hacerse un tatuaje en marrakech

Si estás interesado en el tema, aquí te dejo un artículo más detallado para que tengas toda la información clara antes de tatuarte en Marrakech: Dónde hacerse un tatuaje de henna en Marrakech.

7. Perdidos  en el zoco

Cada vez que nos adentrábamos por las sinuosas calles del zoco de Marrakech, llegaba alguien que nos decía: “¡Por ahí no! ¡Calle cerrada! ¡A la plaza por allí!” Y no sólo se conformaban con eso, sino que además nos seguían un rato para seguir insistiendo e incluso algún que otro marroquí le daba la razón.

¡No les hagas ni caso! Estas personas lo que quieren es perderte, tenerte dando vueltas por el zoco durante media hora para al final llevarte a la Plaza Jmaa El Fna y pedirte una buena cantidad de dirhams por haberte “hecho el favor” de sacarte del laberinto del zoco y haberte ayudado a encontrar la plaza principal.

Plaza Especias, Marrakech

Lo mejor es directamente ignorarlos y nunca ir por la dirección que ellos te indican. Al cabo de un rato, si ven que pasas de ellos, se cansan y dejan de seguirte. A nosotros no sólo nos lo hicieron en el zoco, incluso también buscando algunas atracciones turísticas como el Palacio Badí. En esta ocasión, creíamos que sí que lo decía de buena fé (ni siquiera nos siguió), pero no, nos había indicado la dirección contraria. Menos mal que los guardias reales fueron tan amables de explicarnos la dirección correcta (habíamos llegado hasta el Palacio Real, al que no se le pueden hacer fotos y está muy vigilado).

Como ya desconfiábamos de todos los que nos indicaban, en una ocasión buscando nuestro riad pasamos de un joven que nos ofreció su ayuda. Poco después, nos lo volvimos a cruzar y nos explicó que no quería perdernos, que era el dueño del riad de enfrente y quería ayudarnos de verdad. Se nota que hay gente que le sabe muy mal que otros engañen a los turistas y, por culpa de unos pocos, la gente acabe desconfiando de todo el mundo.

Como ves, en Marruecos hay que estar muy atento para no caer en ningún engaño. Aún así, las personas que se dedican a timar a turistas son una minoría. La mayoría son gente hospitalaria y encantada de ayudar a aquellos que deciden visitar el país. No dejes que unos pocos amarguen tu viaje y te hagan llevarte una visión equivocada del país.

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3 thoughts on “7 mentiras que hacen creer a los turistas en Marruecos

  1. ¡Lo de las piedras de cuarzo super coloridas en las carreteras del Atlas era super llamativo! Otra mentira que me hicieron creer en todos los alojamientos en los que estuve (¡6!) es que ese día se había estropeado el datáfono y no se podía pagar con tarjeta ¡Vaya casualidad!

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