Roadtrip: Itinerario de 5 días por Cantabria

Como muchos de vosotros, soy de esas personas que tienen que aprovechar cualquier día libre para viajar y conocer lugares nuevos. Por eso, aunque nos hubiéramos quedado un mes entero allí, mi hermano y yo aprovechamos unos días libres para conocer por primera vez Cantabria.

Voy a contaros cómo nos organizamos y distribuimos el tiempo para aprovechar al máximo cinco días y conocer todo lo posible de la comunidad cántabra.  Así, si vosotros también decidís viajar a esta zona, os puede servir de ayuda. ¡Allá vamos!

Cantabria en 5 dias

 

Día 1: Viaje de ida + toma de contacto

El primer día salimos alrededor de las seis y media de la mañana para iniciar el viaje en coche desde Valencia hasta Cantabria. Con las paradas necesarias y utilizando ya en Cantabria la autopista, llegamos a Castro Urdiales alrededor de las 2 del medio día. Por eso, aprovechamos para comer y dar una vuelta rápida por el pueblo (sin duda, si tenéis tiempo, merece un par de horas).

Castro urdiales

Alrededor de las cuatro y media llegamos a nuestro primer destino fijado: Santander. Aquí alquilamos un apartamento cerca del centro. Ese día, después de descansar un poco, fuimos a visitar la península de la Magdalena y la playa del Sardinero.

La magdalena santander

 

Día 2: Santander y alrededores

Al día siguiente por la mañana fuimos al Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Soy consciente de que es un tema muy delicado. Tan sólo diré que es el lugar en el que mejor he visto a los animales y me sorprendió gratamente, no se puede comparar a un zoo, pues los animales están en semilibertad. No obstante, algunas especies no estaban tan libres como la mayoría, siempre puede mejorar. La gente suele dedicar un día entero, pero yendo ligeros y sin perdernos muchas cosas nosotros tardamos una mañana.

Fuimos a comer a Líerganes, donde comimos el famoso cocido lierganés, y dimos una vuelta por este bonito pueblo. Después, visitamos el laberinto más grande de España, que se encuentra en Villapresente, y del que, cómo podéis ver en el vídeo, no nos fue tan fácil salir:

Volvimos a Santander, donde nos centramos en su centro histórico y su encantador paseo por la orilla del mar, el Paseo de Pereda. Aprovechamos para hacer ruta de bares y probar los mejores pinchos de la ciudad.

 

Día 3: Rumbo al interior

El tercer día lo dedicamos a visitar todos aquellos pueblos con cierto renombre que nos daba tiempo a ver. El primero al que fuimos fue Santillana del Mar, donde estuvimos unas dos horas. De allí condujimos a Comillas, donde paramos a comer, por lo que ya dejamos el pueblo por la tarde.

Santillana del Mar, Cantabria

De Comillas fuimos a San Vicente de la Barquera, del que tenía unas expectativas más altas (para gustos, colores). Y por último en esta zona, visitamos el bosque de secuoyas que hay en Cabezón de la Sal y que os recomiendo encarecidamente, ya que es un paseo muy corto pero precioso.

bosque de secuoyas cantabria

De aquí ya iniciamos un recorrido más largo para perdernos en el interior de Cantabria, pues el resto de días nos alojamos en Potes, Liébana. Por el camino, no pudimos evitar parar en Unquera y merendar una de sus famosas corbatas.

Es bonito el recorrido hasta Potes, ya que pasas de autovías anchas a ir por una carretera estrecha que cruza por el medio de altas montañas. ¡Sólo con el camino de ida ya notas como vas desconectando!

Camino a Potes

 

Día 4: Vida rural, tiempo cántabro

En el cuarto día nuestra idea era ir hasta el Teleférico de Fuente Dé para subir a él. Desgraciadamente, el tiempo no nos dejó: fuimos hasta allí, pero comenzó una buena tormenta eléctrica con la que no era nada aconsejable subir (además que con la niebla no se veía nada). No obstante, si pasáis por aquí y hace buen tiempo, os animo a que subáis y me contéis la experiencia, ¡yo ya tengo excusa para volver a Cantabria!

Aunque la lluvia nos hizo cambiar de planes, no consiguió para nada aguarnos el viaje (nunca mejor dicho). Decidimos descansar y relajarnos en la casa rural unas horas, disfrutando del olor de la lluvia y de las vistas que teníamos desde nuestro balcón.

Potes con lluvia

Después de comer el tiempo mejoró, así que improvisamos y visitamos pequeños pueblos y caseríos cercanos a Potes y muy auténticos. Primero fuimos al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde parece ser que se conserva el fragmento de cruz de Jesús más grande del mundo. Al margen de creencias, es un sitio curioso que visitar y las visitas desde allí son espectaculares.

Catedral de liebana

De allí fuimos a Mogrovejo y a Tudes. Entre uno y otro no pudimos evitar parar a mitad camino a sentarnos en uno de esos bancos que en Cantabria hay en mitad de la nada y observar durante casi una hora cómo se comportaba un rebaño de terneros. Ambos pueblos son muy pequeños pero bonitos y en ellos vimos más animales que personas.

Tudes, Cantabria

Para terminar el día, nos dimos una vuelta por Potes, que también está muy bien, y nos tomamos algo hasta que la lluvia terminó con su tregua y nos hizo irnos a paso ligero a la casa rural.

 

Día 5: Vuelta a la realidad

El último día lo dedicamos a volver tranquilamenete a Valencia. Esta vez no nos pegamos el madrugón, que en las vacaciones también hay que descansar. Recogimos y nos fuimos tranquilamente. De camino, paramos en un bonito mirados que ya pertenece a Castilla y León y conseguimos nuestro reto del viaje: hacernos un selfie con una vaca sin enfadarla y que nos pegara una buena cornada.

Selfie con vaca

Las paradas las hicimos en Lerma y Aranda del Duero, ya que optamos por volver por Madrid para ver algo diferente, pese a que el trayecto es un poco más largo que por Zaragoza.

¿Qué os parece nuestro recorrido? De todos los pueblos que visitamos, en otro post os hablo más detenidamente que aquellos que pienso que, sea cual sea vuestro planning, no deben faltar. Podéis entrar a él haciendo clic aquí.

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